7 de julio de 2008

A lomos de rocinante: Logroño

Hacía tiempo que no pisaba tierras riojanas, las mismas que vieron nacer a Práxedes Mateo Sagasta o morir al General Espartero. Ayer regresé a Logroño, en compañía de mi familia. Ahora resulta muy fácil llegar, apenas dos horas y media de viaje por autovía y autopista desde Santander. Nos perdimos por la calle del laurel, famosa por sus famosos pinchos, de los que mi padre siempre me habla. Este tapeo se suele hacer a mi edad en compañía de gente joven, pero nosotros lo hicimos con dos señoras de 85 y 91 años respectivamente, que me atrevería a asegurar que disfrutaron más que dos de dieciocho. Os dejo con una selección de imágenes que tomé, incluída una de un pincho muy especial (aunque me he propuesto no publicar sobre gastronomía en este blog.

3 comentarios:

fermin dijo...

Bonito reportaje.
Logroño solo lo vi desde la autopista. Pero tenia refencia de las tapas.
Dinos en que consiste el pincho.¿O es secreto?

JP dijo...

Bonita ciudad, buenos pinchos y buen vino. Muchas veces no paso de Haro, pero aún así merece la pena. Incluso merece la pena hacer la ida o la vuelta por la insufribles carretera general, y no perderse un parada en Oña.

Saludos,

JP

El hidalgo caballero dijo...

Tengo previsto ir a varios lugares de La Rioja este verano. Hemos querido aprovechar la visita in situ a la capital. Mi padre trae varias veces vino de la Rioja al cabo del año y lo conoce bien. Jp por Oña pasé el año pasado.

El pincho como ves, son tres champiñones a la plancha con una pequeña gambita encima. Y el secreto, que ni siquiera yo lo conozco, está en una salsita que les echan ya antes de retirarlos. Muy bueno y muy típico del bar Soriano.